Bacalar, un viaje con amigos que tienes que vivir
Bacalar, un viaje con amigos que tienes que vivir

Bacalar, un viaje con amigos que tienes que vivir

A principios del 2017, después de leer Días festivos 2017: Calendario con días de puente en México y ver que el primer puente del año quedaba perfecto para celebrar el cumpleaños de una amiga, decidimos celebrar en la laguna de los 7 colores en lo que se convertiría en uno de mis viajes favoritos, además iba a ser mi primera visita a Bacalar, ¿se imaginan?

Llegamos a Bacalar un viernes casi a media noche, apenas alcanzamos a instalarnos en nuestras casas de campañas y sin perder más tiempo nos fuimos a disfrutar de la noche en el muelle del campamento, el cielo nos recibía con un montón de estrellas, el clima era muy agradable pero lo que yo realmente quería era ver el amanecer.

El sábado me desperté muy temprano, agarré mi cámara y me dirigí hacía el muelle para esperar que el señor sol comenzara a salir, la mañana estaba muy fresca y me encontré con otros madrugadores que esperaban lo mismo que yo, debo decir que nunca había visto un amanecer como aquel, vi como cada color hizo lo suyo para que el amanecer comenzara su bello espectáculo y mucho después vi como poco a poco el sol comenzaba a subir.

Aquella mañana descubrí que hay un breve espacio de tiempo antes de que salga el sol en el que uno se queda mirando la nada en la oscuridad y descubre que está llena de colores que la vuelven un todo inolvidable. Apenas un instante entre la noche y el día cuando la luz del sol comienza a iluminarlo todo y de pronto todo se vuelve más claro. Ahí, entre la laguna y el amanecer es cuando uno respira profundamente y descubre que sí, que vale la pena todo lo que se hace por vivir algo así.

Luego de disfrutar del amanecer y de un desayuno, iniciamos nuestro primer día en Bacalar, comenzando por recorrer el centro del Pueblo Mágico, visitando la iglesia, sus tiendas e incluso una galería muy bonita que también es restaurante, “El Manatí” en donde encuentras arte, comida y muchos productos locales. Todo esto mientras esperábamos la hora para comenzar nuestro tour en lancha por la laguna, uno de los momentos que más esperaba.

Apenas nos subimos a la lancha y me dispuse a contar los colores de la laguna para saber si de verdad eran siete, y sí que lo eran, aunque siempre habrá personas que cuenten menos puedo decir que conté los justos, ni más, ni menos, la curiosidad que siempre me había atraído de Bacalar por sus colores y por este dato había quedado confirmado y ahora solo me quedaba disfrutar del paseo por el Canal de los Piratas en donde te puedes poner la arcilla por todo el cuerpo para que la piel quede suavecita, además visitaríamos la Isla de los Pájaros, el Cenote Negro y el Cocalitos. El trayecto entre un lugar y otro es increíble, nosotros hicimos el tour un poco más tardecito así que cuando ya estábamos regresando al campamento el atardecer ya estaba comenzando, verlo desde la lanchita mientras recorríamos la laguna de Bacalar es algo que se disfruta mucho.

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Si hay algo que me guste de los viajes es siempre poder hacer algo inesperado, ir a algún lugar que no estaba entre el itinerario que se tenía pensado desde el principio, así es como muchas veces uno llega a encontrarse en lugares sorprendentes. Justo así nos pasó cuando decidimos tomar el domingo para recorrer las zonas arqueológicas que se encuentran al sur de Quintana Roo, rentamos un carro y nos pusimos en marcha para visitar Kohunlich, Dzibanché y Kinichná, muy cerca de Chetumal.

Kohunlich fue la primera zona arqueológica que visitamos y debo decir que me encantó, es una zona muy grande y que requiere de su tiempo para poder visitar cada rincon, además estar ahí en medio de la selva conociendo la historia de los mayas y perdiendote entre la selva (literal, me perdí un momento tratando de seguir un pasadizo). Seguimos el camino por Morocoy, un pueblito que está de camino a Dzibanché y Kinichná que aunque son más pequeñas siguen siendo igual de impresionantes, ya faltaba muy poco para que comenzaran a cerrar pero pudimos entrar a ambos lugares para seguir sorprendiéndonos de todo lo que hay en Quintana Roo y que hasta ese momento yo desconocía por completo.

Ese mismo día aprovechamos para llegar hasta Chetumal por unos machacados que son como raspados pero se hacen con fruta de tu elección, leche y si quieres puedes agregarle chocolate y armar tu propia bomba de azucar, y para rematar nos fuimos todos por unos famosos hot dogs empanizados que no pueden faltar en tu visita, terminamos no solo con un bello atardecer en la bahía de Chetumal, sino también cansados pero felices de todo lo que habíamos vivido durante el viaje hasta ese momento.

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Viajar con amigos es una experiencia muy diferente a cuando lo haces con tu familia, no están tus papás para cuidarte por lo que es importante ser prudentes y responsables con todo lo que se hace, conoces aún mejor a tus amigos y descubres que el lugar que ocupas en el mundo es tan pequeño y que aún queda mucho camino por recorrer.

Es hora de reunir a tus compañeros de viaje, esos que sin pensarlo te dicen: ¡VAMOS!

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Eli Montero

Jarocha de corazón y cancunense orgullosa, #Caribeña, trabajo en MéxicoDestinos.com, fotógrafa a ratos, siempre escribiendo algo, viviendo en el paraíso, fan de la pizza, el té, los libros, y por supuesto ¡viajar!

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